El caso insólito de la mujer que dictó clase hasta 4 años después de muerta

Una sofisticada forma de desangrar el sistema pensional estaba por descubrirse el día que, a la casa de Aida Polonia Bonilla, llegó una tarjeta de invitación del Banco Popular, para que asistiera a un ‘Súperbingo’ en Palmira, en homenaje a los docentes pensionados.

 

No solo porque Aida Polonia había fallecido siete años atrás en un accidente de tránsito, en el municipio de Jamundí, sino porque la mujer, quien estuvo 17 años de su vida dedicada a la docencia, al momento de su muerte no alcanzaba la edad, ni el tiempo para que alguien en su familia se beneficiara con la pensión post-mortem.

 

Sin embargo, alguien se encargó de que después de muerta siguiera dictando clase por cuatro años más, que ese tiempo sumara para alcanzar los 20 años de trabajo necesarios, para obtener su pensión y que después de fallecida sostuviera una relación sentimental con el hombre, que fue luego el beneficiario de su jubilación.

 

Lo inexplicable para muchos, es que la propia Secretaría de Educación del Valle, había certificado el 8 de mayo del 2008, dos años después de su fallecimiento, que como no tenía esposo, ni hijos la beneficiaria de sus cesantías definitivas y el seguro de muerte era su señora madre, Imelda Lucumí de Bonilla, quien no pudo acceder a la pensión post-mortem porque no llenaba los requisitos.

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